13 de Diciembre de 2017

Cuando la decoración y la funcionalidad son tecnológicamente lo mismo

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Televisores ultrafinos con marcos decortativos, lavarropas o heladeras de colores, y otros aparatos que no solo son la electrónica del hogar, se convierten ahora en parte del estilo de un ambiente que, en ocasiones, define a quienes viven allí.

La historia de la decoración de ambientes data de mucho tiempo atrás cuando en la era de las cavernas el hombre pintaba las paredes para ilustrar los espacios que habitaba.

Con el tiempo, las piedras y restos de maderas o hierbas fueron reemplazados por muebles, las superficies se hicieron más planas y los lugares empezaron a tener destinos precisos como la habitación para dormir, para comer o para higienizarse. Cuando cada sitio logró una función, llegaron los aparatos que permitían hacer que estas funciones sean cada vez más prácticas.

Hasta que aquello ocurrió, lo único funcional era la silla para sentarse, la mesa para comer o las puertas para dividir un espacio de otro. Con el devenir del tiempo y el avance de la industria y la tecnología, llegaron la radio, el televisor, el teléfono y algún que otro electrodoméstico.

Contar con algo de esto no hablaba de la belleza de la decoración de un ambiente, sino de la capacidad económica de sus propietarios y de lo sencilla que podrían ser sus vidas.

Las publicidades gráficas de mujeres sonrientes con tiempo libre porque un lavarropas les ahorraba el tiempo de lavado y les permitía compartir más tiempo con sus hijos se replicaban por cada aparición de un nuevo electrodoméstico.

Ahora, la estampa no es la misma, sino que una casa parece sonreír por sí misma dándole la bienvenida a un smart tv cóncavo de 52 pulgadas, o una blanca y espaciosa cocina seduce a hombres y mujeres con una heladera moderna ploteada con gráficas coloridas.

En tiempos como estos, los muebles de madera o metal, los cuadros de uno u otro artista plástico y la decisión de sillones de dos o tres cuerpos son tan importantes como el color del marco de un televisor, la marca y sus opciones de colores de un lavarropas, y el estilo vintage o minimalista de los electrodomésticos.

Somos lo que encendemos

Empecé diciendo que, en ocasiones, la disponibilidad tecnológica en un hogar puede llegar a definir a sus habitantes desde el aspecto decorativo, hasta su escencia funcional. ¿Cómo una heladera o un aire acondicionado podría hablar de la forma de vida de una familia?

Manuel Altman, gerente de contenidos de LG, explicó al diario Infobae en un artículo sobre diseño tecnológico para casas, que existe cierta conducta de las personas, respecto a la utilidad que le dan a los dispositivos, que podría hablar de cómo estos ocupan un lugar protagónico en la cotidianidad de una casa.

Dijo “Nos despertamos y lo primero que hacemos es ver el celular, lo ultimo que hacemos por ahí es chatear o leer el diario y en el medio hacemos un montón de cosas que la tecnología esta siempre presente: desde calentar la pava, prender el lavarropas, ir al colegio, subir al colectivo”.

Por este vínculo que las personas hemos hecho con la tecnología es cierto que también querramos que forme parte de un entorno atractivo para nuestra vista, por ello continúa diciendo que “Hace unos años uno pensaba en la tecnología y era algo que estaba afuera, hoy es parte nuestra”.

En este sentido, es válido considerar que no sólo se elige un aparato electrónico en base a su función y la calidad con la que la cumpla, sino por lo tan lindo que puede quedar un sitio por su sola presencia: “Cuando hablas por ejemplo de un televisor, lo querés tener colgado en tu casa y es un adorno, querés que tenga un lindo marco, que tenga un lindo borde y obviamente que tenga la ultima calidad de imagen y de conectividad”, concluyó.

Si nos pasamos más horas mirando televisión, jugando con una consola, cocinando o limpiando la casa, pues entonces en este entorno veremos cuánta tencología está aplicada a mejorar la forma de realizar esa actividad y de embellecer el espacio que habitamos por más horas.

Sin cables, mejor

Existía la creencia de que estar conectados a un aparato todo el tiempo nos alejaba de la realidad y por tanto nos hacía vivir en un segundo plano, muchas veces abandonando ciertos aspectos de lo real, como la higiene o el aspecto tanto personal, como espacial.

Actualmente, la tecnología no nos mantiene atados. Es real que muchas personas pueden pasar tanto tiempo jugando con la Xbox que olvidan hasta los horarios de almuerzo o cena.

Pero, por otro lado, la tecnología ha comenzado a proveer de una cotidianidad diferente a “los conectados”, generando que aquella realidad del gammer, por ejemplo, tenga canales que le permitan poner los pies sobre la tierra cada tanto.

Ahora el conectado no se desconecta del todo del espacio que habita. Desde una consola, un celular o hasta desde un televisor, es posible que pueda encargar la comida a un delivery, que programe los horarios de juego, que trabaje de forma remota con su computadora o que haga una consulta médica online si fuera necesario.

Estudiar, leer, interactuar con personas, hacer un tour virtual, todo puede hacerse desde un sillón, puesto que nada requiere del famoso cable que traspasa los datos, ahora todo está en la nube, y en un vuelo de realidad aumentada, todo está tan cerca de nuestro sillón como de pudiéramos o quisiéramos.

Inmersos en este panorama, es más necesario que el living de casa, o el cuarto de dormir, se conviertan en espacios agradables en donde la tecnología sea parte del diseño como de la función que hacen necesario estar allí, en ese momento.

Fuente: DonWeb.com

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