16 de Noviembre de 2018

La política fiscal es mala y tiene altos costos

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Por Diego Giacomini. En el CCK post victoria electoral, el presidente Macri fue contundente cuando explicó que lo fiscal es el problema más crítico; y que “los argentinos no podemos gastar más de lo que tenemos indefinidamente”.

Sin embargo, los datos muestran que la trayectoria temporal del deficit fiscal (con todos los intereses) contradice al Presidente, ya que el resultado negativo del SPN aumenta año tras año: 6,3% (2015) a 6,8%(2016) y 6,9% (2017) del PBI.

En este contexto, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, salió a defender la política fiscal en TV diciendo que “el actual gradualismo es la única alternativa, porque avanzar más rápido era romper todo”, y explicó que “el Gobierno no va ni lento, ni rápido, sino a la velocidad justa porque el plan esta vez está bien diseñado”.

De hecho, dijo que el gasto no se puede ajustar porque “$ 3 de cada $ 4 van a gasto social” y que “la toma de deuda no le preocupa porque Argentina tiene una deuda muy baja”.

Finalmente, el funcionario afirmó que los datos avalan la gestión y sobre todo sus afirmaciones “ya que se cumplen las metas bajando el gasto y los impuestos (1 p.p. por año) con reducción de inflación y crecimiento económico.”

La meta de déficit fiscal primario se sobrecumplió en 2017. De acuerdo con nuestro análisis, la meta de déficit primario puede cumplirse en 2018. Obviamente, está fuera de discusión que cumplir las metas fiscales es mejor que no cumplirlas.

Sin embargo, cumplir las metas fiscales no es “todo”, hay que ver “cómo” se cumplen y si dicho cumplimiento “sirve”.

¿Están bien diseñadas las metas fiscales? ¿Las metas plantean un nivel de esfuerzo fiscal acorde con los problemas a solucionar?

El diseño no es el mejor, porque las metas no consideran el pago de intereses e ignoran el principal impacto del actual programa fiscal: la toma de deuda y su impacto negativo sobre la cuenta intereses y déficit fiscal.

En los dos primeros años de Cambiemos, el aumento del pago de intereses neutralizó la baja del gasto primario, con lo cual el gasto total de Nación quedó constante en términos del PBI cuando se compara 2015 (26,5%) con 2017 (26,4%).

Por el contrario, los intereses de deuda hicieron aumentar el gasto público total provincial consolidado entre 2015 (13,3%) y 2017 (13,7%).

Sin embargo, los costos del mal diseño de las actuales metas fiscales serán mayores en el futuro, porque el costo de financiamiento y el pago de intereses se encarecerán más significativamente en 2018/2020. Es una certeza. Por un lado, la tasa libre de riesgo (piso del costo de financiamiento) ya está subiendo en el mundo.

El rendimiento de los bonos del Tesoro Americano de 10 y 5 años subió aproximadamente +25% y +19%; respectivamente. Por el otro, la Reserva Federal proyecta subir su tasa de referencia de 1,25% (2017) a 2,0% (2018); 2,5% (2019) y 3,0% (2020) para fin de cada año.

No sólo no están bien diseñadas, sino que las metas fiscales son poco ambiciosas y no exigen un esfuerzo fiscal acorde al problema que hay que solucionar.

El actual ministro de Economía, Nicolás Dujovne, cambió las metas fiscales originales, relajando fuertemente el esfuerzo fiscal.

Puntualmente, en los tres años entre 2017 y 2019 las metas de Dujovne toleran 4,2% del PBI más de déficit que las metas fiscales originales, pateando (si todo sale bien) el equilibrio fiscal primario dos años más para “adelante” (se alcanzaría recién en 2021 en lugar de 2019).

El relajamiento fiscal del actual ministro no es gratis. A valores de hoy, el mayor déficit fiscal tolerado en 2017/2019 implica tomar más deuda por aproximadamente u$s 26.000 millones. Por otra parte, patear el equilibrio fiscal dos años más para adelante implica deuda adicional por otros u$s 18,000 millones.

El mal diseño de las metas fiscales y su falta de ambición quedan expuestos tanto observando los resultados obtenidos hasta ahora como proyectando el escenario futuro.

Los datos de mercado son concluyentes: el mercado percibe que la política del gobierno nacional “así como está” no es sustentable. Los bonos largos perdieron aproximadamente -15%. Los bonos más cortos (duration 5 años) perdieron alrededor de -5%.

Comparado contra el pasado 28 de diciembre, el riesgo país de Argentina subió +13,8%, mientras que el de Brasil (-3,3%) y la región (-2,8%) bajaron en el mismo período.

Paralelamente, los resultados macroeconómicos obtenidos hasta ahora también muestran que la política fiscal es mala. En 2016/2017 no se bajó el gasto, se aumentó el déficit y se tomó deuda por 19% del PBI (usd117.870 MM): Nación u$s 96.130 MM (81%), Provincias u$s 12.044 MM (10%) y empresas u$s 9.696 MM (9%).

Hubo un importantísimo crowding out del sector privado y en consecuencia la inversión sigue estancada en torno al 16% del PBI.

Al mismo tiempo, tanto para financiar al Tesoro o comprar dólares de la deuda, la expansión de base monetaria ascendió a +61% y la inflación acumuló 75% en 2016/2017. En este marco, no sorprende que el PBI per cápita de 2017 haya cerrado por debajo del nivel de 2015 (-1,8%) y 2011 (-5,8%).

Peor aún, el escenario fiscal futuro luce preocupante. Si todo sale bien y se cumplen las actuales metas fiscales, en 2019 Macri dejaría un déficit fiscal similar al heredado de la administración K en 2015, pero con mucha más deuda. El déficit fiscal en 2019 (6,0%) sería apenas inferior al de 2015 (6,1%).

Sin embargo, en un escenario optimista en el cual “sale todo bien” y no hay un aumento adicional del riesgo país, la deuda treparía hasta 64% del PBI con un déficit primario de -2,2% del PBI en 2019.

En síntesis, esta política fiscal mal diseñada y poco ambiciosa nos conduce a un nivel de endeudamiento inconsistente con la solvencia fiscal que exige un superávit primario de 2% del PBI.

La contracara de la actual inconsistente política fiscal son los resultados macroeconómicos pobres. El PBI per cápita 2019 terminaría empatado con 2015, pero un -3,7% por debajo de 2011. Es decir, en los cuatro años del primer mandato de Macri nos habríamos endeudado para no arreglar el problema fiscal, no invertir y no crecer.

En términos familiares, es como endeudarse sin comprar la casa, ni adquirir máquinas para producir más o mejor y/o ni tampoco educarse. Hay que cambiar “en serio”.

Debe haber un giro copernicano en la política fiscal que permita una reducción mucho más rápida del déficit fiscal para apuntalar el ahorro y permitir que haya financiamiento para la inversión, la mejora de productividad, la creación de empleo y el crecimiento. Junto a Javier Milei diseñamos una propuesta de cambio de la política fiscal.

Diego Giacomini es Economista Director E&R y Profesor de la FCE de la UBA

Fuente: cronista.com

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