16 de Julio de 2018

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No hay corridas gratis: la contracción ya llegó

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Por Guillermo Oliveto. Los primeros datos de junio son contundentes: las ventas de autos 0 km cayeron 18 por ciento medidas contra el mismo mes del año anterior.

Las de camiones, 30% -segmento que es utilizado en la industria automotriz como un buen predictor de la actividad económica-; las de motos, 18%; las de insumos para la construcción relevadas por el índice Construya, 5,4%; las del sector textil, 4,8%; la cantidad de pasajeros en vuelos internacionales, 4%, y los despachos de cemento, 2,8%.

El índice de confianza de los consumidores de la Universidad Torcuato Di Tella se ubica en 36 puntos, un 15% por debajo del año anterior.

Cuando este indicador cruza el umbral de los 40 puntos, señala que la sociedad agudiza su aversión a gastar, ya sea porque no puede o porque no quiere. Las expectativas de inflación de la población, medidas también históricamente por la misma entidad educativa, pasaron del 25% en mayo al 30% en junio. La percepción de la gente coincide con la de los analistas.

La publicación más reciente del REM -Relevamiento de Expectativas de Mercado- que realiza mensualmente el Banco Central entre 52 consultoras económicas, centros de investigación y bancos locales e internacionales arrojó el mismo valor.

El índice general de actividad que elabora la consultora de Orlando Ferreres ya marcaba en mayo una contracción de la economía del 2,8%, y el estimador mensual industrial del Indec presentaba una caída del 1,2%. Si bien la construcción continuaba creciendo, ya no lo hacía a doble dígito, sino que se expandía un 6%.

Considerando que los permisos de edificación cayeron cerca de un 20%, tanto en abril como en mayo, es de prever que el nivel de actividad en el sector continúe desacelerándose y comience a mostrar indicadores negativos.

Está claro que no hay corridas gratis. Durante los próximos meses veremos indicadores como estos por doquier. En dos meses pasamos de una economía que crecía 3,6% en el primer trimestre a una que ahora se proyecta concluyendo el año con una expansión modesta, que oscilaría entre el 0,5% y el 1%. Incluso algunos economistas prevén que no habrá ningún crecimiento.

¿De qué magnitud hablamos?

Dicho todo esto, ahora el interrogante a dilucidar es de qué magnitud será la contracción, tanto en profundidad como en extensión.

Para ello, conviene empezar por el principio. Ahora que muchos mercados caen, se señala y se aprecia que antes crecían. Es decir, hoy se ve lo que antes no se veía. Puesto en blanco sobre negro, 2016 fue un año malo para la economía, de eso no hay dudas. La normalización que implicó la salida del cepo cambiario generó una fuerte devaluación que se trasladó a los precios.

A lo que se sumó la corrección inicial sobre los valores de las tarifas de luz, gas y agua. La inflación fue del 40% y la pérdida de poder adquisitivo, de 6 a 7 puntos. El PBI cayó más del 2% y el consumo de alimentos, 4%.

Del mismo modo, hay que decir que 2017 fue un año mucho mejor. La economía creció casi 3% en el promedio anual y cerca de un 4% durante los últimos dos trimestres. De 14 sectores del consumo que monitoreamos en Consultora W12 crecieron 11 a doble dígito y dos cayeron. Ambos de manera moderada: alimentos, -1%, de acuerdo con Kantar Worldpanel, y textil, -1,5%, según la CAME.

Mientras en la conversación cotidiana y en las redes sociales fluía el hashtag "esto no arranca", los datos duros demostraban otra cosa.

Partiendo de esta base, se pueden analizar los posibles escenarios. La primera distinción a realizar será diferenciar el "no se vende nada", que obtura el pensamiento y conduce a la inacción, del "se vende menos que antes, o de lo que habíamos proyectado", que no es lo mismo. Tomemos, por caso, el sector automotor.

Es tan cierto que las ventas cayeron 18% en junio como que en el acumulado del primer semestre batieron el récord histórico comercializando 500.000 unidades y que en este mes malo igualmente pudieron vender 64.140 vehículos.

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Por supuesto, si las expectativas eran llegar al millón de unidades y ahora oscilan entre las 850.000 y las 900.000 no hay motivos para la celebración. Lo que no puede soslayarse es que, aun si fueran 850.000 unidades, estaría entre los tres mejores años de la historia.

Para dimensionar la magnitud de la contracción habrá que seguir muy de cerca tres variables. La primera de ellas es la evolución del poder adquisitivo de las familias. Si la inflación proyectada se acerca al 30%, no es lo mismo que los salarios crezcan 15%, como estaba planteado en el contexto precorrida, que los nuevos acuerdos que ya están cerrando algunos gremios, en valores cercanos a 25%.

Una cosa es perder 10 o 15 puntos de poder adquisitivo -algo inviable tanto desde la perspectiva social como política- y otra muy diferente es que sean 3 o 4 puntos, como proyecta, por ejemplo, Ecolatina. Ninguna de las dos es buena, pero el impacto es bien diferente.

La variable empleo

La segunda variable a monitorear, naturalmente, es lo que suceda con el empleo. El poder de compra de las familias no solo se compone de los aumentos de sueldos, sino también de cuántos integrantes de esos hogares son capaces de generar ingresos.

La expansión del empleo en 2017, tanto formal como informal, hizo que durante el año pasado los ingresos de las familias crecieran 31%, mientras que el índice de salarios reflejó una mejora de 27,4%. Ambos medidos por el Indec. Es decir que en promedio el dinero que ingresó a los hogares en el año, por la conjunción de la mejora salarial y laboral, estuvo 6 puntos por encima de la inflación anual, que fue 24,8%.

Y la tercera, muy vinculada con la segunda, es la dinámica que finalmente tenga la obra pública. Durante 2017, la construcción generó cerca de 40.000 nuevos puestos de trabajo. En abril de este año, el sector empleaba a 452.000 personas.

El humor social oscilará acompañando la dinámica de estas tres variables. Humor social que es volátil, frágil y muy cambiante. Y que motoriza la propensión a consumir, para bien o para mal. Hoy la sociedad ha puesto pausa a muchos de sus proyectos. Todos los actores de la economía están "recalculando".

La gente también. A medida que esto suceda comenzará a tomar forma la nueva economía cotidiana "poscorrida", que nos acompañará durante lo que queda de 2018.

En la mirada de los ciudadanos, todavía 2019 es casi ciencia ficción. Hoy viven día a día. Alegan que no pueden proyectar y que todavía no tienen horizonte. Es lógico. En apenas en los últimos dos meses tuvimos una dosis de volatilidad difícil de digerir.

Sin embargo, pronto habrá que comenzar a proyectar qué sucederá el año próximo. Si bien hoy todas las proyecciones son condicionales, actualmente se calcula que la economía podría crecer entre 2 y 2,5%.

Hay al menos dos datos críticos a considerar para dar sustento a esa hipótesis. El primero es que se espera una cosecha récord, del orden de los 120 millones de toneladas. El segundo, que en 2019 se vota.

Guillermo Olivetto es especialista en consumo y director de W Consultora.

Fuente: lanacion.com.ar

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