19 de Junio de 2018

Los impactos de la automatización en el empleo

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Por Eduardo Levy Yeyati. Los efectos indirectos de las innovaciones tecnológicas pueden compensar las pérdidas directas de empleo. Un capítulo del libro Después del trabajo.

La literatura académica sobre cambio tecnológico y mercado laboral ha hecho foco sustancialmente en el cambio en la composición del empleo y no tanto en sus niveles absolutos. Una mirada rápida de la evidencia no indica grandes caídas en la cantidad de empleos en la economía, pero sí cambios en los conjuntos ocupacionales, en los niveles de calificación y en sus salarios respectivos.

No obstante, resulta difícil reconciliar esta información, sólidamente documentada, con las intuiciones más básicas que uno puede tener respecto de la naturaleza del cambio tecnológico y la automatización.

Si uno piensa en las cabinas de peaje de pago automático, en la fábrica industrial crecientemente robotizada o en los servicios telefónicos de atención al cliente, con sus contestadores automáticos e interactivos, tiende a visualizar un panorama en el cual la tecnología efectivamente viene a destruir puestos de trabajo, reduciendo el número de empleos disponibles en la economía.

¿Cómo se explica esta contradicción? Un trabajo reciente de Autor y Salomons buscó hallar el fundamento de esta paradoja. Para los autores, la introducción de tecnología en una industria particular tiene un doble impacto sobre el empleo. En primer lugar, según los autores, el “efecto directo” de esta mayor productividad es efectivamente una reducción neta de empleo en la industria en la que se desarrolla la innovación.

Esto es coherente con los ejemplos mencionados anteriormente, donde los peajes automáticos, los robots industriales y los contestadores interactivos fueron una amenaza directa para los trabajadores de esas industrias.

Al ver datos del período entre 1970 y 2007 de 19 países desarrollados (Australia, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, sin considerar a los países del este del continente), hallaron que los incrementos de productividad de una industria en particular se asociaban negativamente con las variaciones del empleo en esa industria específica.

No obstante, los autores también documentaron un “efecto indirecto” de los saltos de productividad de un sector productivo determinado que terminó por compensar las pérdidas directas de empleo, generando puestos de trabajo en sectores ajenos a la innovación. Por un lado, señalan que la creciente productividad generada en una industria particular puede incentivar mayores encadenamientos con otras industrias, estimulando su producción.

Estos encadenamientos pueden ser “hacia atrás”, cuando la industria innovadora se vuelve más productiva y eleva sus niveles de producción, requiriendo cada vez más insumos y, por ende, estimulando una mayor producción (y un mayor nivel de empleo) en sus proveedores.

O también pueden ser “hacia adelante”, cuando la mayor productividad de una industria permite reducir el precio de su producto, abaratando el costo de otras ramas productivas que se abastecen con el mismo y permitiéndoles aumentar su producción.

Por otro lado, más allá de los encadenamientos entre industrias, los autores destacan que la reducción del precio vía mayor productividad puede estimular la demanda final de sectores productivos ajenos a la innovación, dado que el consumidor, beneficiándose del menor precio, tiene un mayor ingreso disponible para destinar al consumo de bienes y servicios provenientes de otros sectores productivos, que podrán aprovechar así una mayor demanda e incrementar su producción.

En línea con su teoría, Autor y Salomons verifican efectivamente que en los 19 países estudiados, los niveles de empleo de las distintas industrias se asociaron positivamente con los incrementos de productividad que ocurrieron en otros sectores productivos. La productividad generada por fuera de cada industria específica tuvo un alto poder predictivo sobre el crecimiento de su empleo.

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Estos efectos indirectos vía encadenamientos entre industrias y una mayor demanda final del consumidor pudieron compensar la pérdida de empleos producida de forma directa, a la que muchas veces nos limitamos cuando pensamos la relación del cambio tecnológico y el empleo.

Esto explica, por ejemplo, que sectores como la industria manufacturera, que han elevado fuertemente su productividad laboral en los últimos cuarenta años, hayan reducido fuertemente su protagonismo en el empleo, pero que a la vez hayan estimulado la generación de empleo por fuera del sector, con una contribución muy valiosa para el conjunto de la economía. El reverso de la desaparición del empleo industrial masivo fue el enorme crecimiento de su productividad, cuyas externalidades positivas terminaron por estimular la generación de puestos de trabajo en muchos otros sectores.

Además, documentan que estos efectos directos e indirectos varían mucho entre los distintos sectores analizados. La innovación tiene distintos impactos sobre el empleo, tanto internos como externos, dependiendo del sector productivo en el que se genere. No da lo mismo cualquier innovación, y no todo cambio tecnológico tiene un efecto equivalente.

Examinar las contribuciones de la tecnología y la mayor productividad ocurridas a lo largo de las distintas industrias resulta esencial para identificar su impacto y comprender sus implicancias.

La preocupación por el cuánto y por saber si la tecnología destruirá más empleos de los que creará, suele surgir de diagnósticos que se centran exclusivamente en los efectos directos, naturalmente más fáciles de observar y menos abstractos que un efecto indirecto propio de un encadenamiento industrial o de una demanda creciente. Pero al correr la mirada del árbol y fijar la atención en el bosque, descubrimos un panorama más complejo y menos lineal.

Eduardo Levy Yeyati es economista, decano de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) y fundador de la consultora Elypsis.

Fuente: clarin.com

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