19 de Junio de 2018

Después de Argentina, Paul Singer se vuelve una pesadilla global

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El fundador del principal Hedge Fund del mundo acumula triunfos ante empresas. Elliott Management ya administra fondos por u$s 35.000 millones.

Cuando se le preguntó en una entrevista qué diría si escribiera su propio obituario, Paul Singer (foto) hizo una pausa y luego se encogió de hombros.

"Trató de cambiar las cosas, protegió el capital de mucha gente durante un largo período de tiempo, era constante, era confiable", dijo con seriedad.

Fue una descripción bastante tibia del hombre que causa pesadillas a ejecutivos de todo el mundo y que ha convertido a Elliott Management en uno de los hedge funds activistas más formidables. Pero Singer, con su suave tono, nunca se autopromocionó, a diferencia de sus compañeros Carl Icahn y Nelson Peltz, que hacen apariciones frecuentes en televisión.

Éstos son tiempos difíciles para algunos de los altos estadistas del sector de hedge funds, que luchan por retener activos en medio de rendimientos decrecientes. Pero Singer ha superado a muchos de ellos porque armó una firma que lo ha trascendido.

Elliott confirmó hace días que había adquirido una participación de ThyssenKrupp, el conglomerado industrial alemán. Dijo que después de años de una esmerada reestructuración, ThyssenKrupp ahora estaba apurada por completar una fusión de sus activos siderúrgicos con un joint venture con Tata Steel. Las acciones subieron 8% cuando se dieron a conocer las noticias de la fusión.

Sólo este mes, Elliott presionó a Hyundai Motor de Corea del Sur para que abandonara un polémico plan de reestructuración; se impuso en una batalla de accionistas contra el grupo de medios francés Vivendi y logró obtener el control de directorio de Telecom Italia; y realizó una oferta de adquisición por u$s 7000 millones por Athenahealth, una compañía estadounidense de registros médicos electrónicos, como parte de su estrategia de private equity en expansión.

En abril, compró una participación controlante de Waterstones, la cadena británica de librerías.

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En una de las posiciones más infames del fondo, Singer libró una larga batalla con Argentina por el default de su deuda. La lucha incluso implicó la detención de un barco de la armada argentina que estaba atracado en un puerto ghanés.

Mientras se acumulan las historias sobre el desparpajo de Elliott, los activos inundan el fondo. Elliott (la compañía toma el segundo nombre de Singer) ahora administra cerca de u$s 35.000 millones, un incremento de más de u$s 10.000 millones en los últimos cuatro años.

Esto lo convierte en el mayor hedge fund del mundo. La demanda para invertir en Elliott es tal que cuando se abrió por última vez a dinero externo, en mayo de 2017, el fondo se vio desbordado de solicitudes. Recaudó u$s 5000 millones en 24 horas y rápidamente volvió a cerrar sus puertas.

En estos días, Singer se ve contento de delegar más. Nombró a su adjunto de larga data, Jon Pollock, como codirector ejecutivo en 2015 y el año pasado, amplió el círculo de socios a siete.

Eso deja a Singer con más tiempo para preocuparse por los mercados. Se hizo conocido por sus opiniones bajistas, que a menudo se exhiben en sus coloridas cartas a inversores, salpicadas de predicciones apocalípticas de inminentes desplomes del mercado y posibles burbujas. En una carta que escribió a finales de 2014, advirtió sobre su temor a un pulso electromagnético que podría destruir el mundo.

"Si bien estas páginas suelen estar repletas de escenarios aterradores o deprimentes, existe un riesgo que está por encima del resto", escribió a los inversores. "Incluso una guerra nuclear horrenda, excepto en su forma más extrema, puede ser un problema relativamente localizado, y la amenaza de los asteroides puede (posiblemente) mitigarse. Los riesgos asociados con un pulso electromagnético, o PEM, representan otra historia por completo".

Explicó que un desajuste solar podría "causar una interrupción masiva a la red eléctrica. . . con consecuencias inimaginables".

Singer, que nació en 1944, creció en Teaneck, Nueva Jersey, un suburbio de la ciudad de Nueva York. Después de recibir su título de la Facultad de Derecho de Harvard, se fue a ejercer la abogacía en Nueva York. Insatisfecho después de siete años como abogado, recurrió a la inversión, donde había comenzado a experimentar junto a su padre, un farmacéutico, con la compraventa de acciones tecnológicas y mineras.

"Él y yo encontramos casi todas las formas posibles de perder dinero, así que cuando fundé Elliott en 1977, estaba decidido a participar en una estrategia de trading que generara ganancias todo el tiempo", contó Singer en una entrevista con el financista David Rubenstein.

El enfoque durante la primera década de Elliott fue en la cobertura de bonos convertibles. Se enfocó en quiebras e inversiones difíciles cuando esa maniobra dejó de funcionar. Más recientemente, el fondo ha invertido dinero en activismo dentro de las sociedades, y en los últimos años, en private equity.

Singer, cuyo patrimonio, según estimaciones de Forbes, ronda los u$s 2800 millones, es signatario del Compromiso de Donar de Warren Buffett, la promesa que hicieron algunas de las personas más ricas del mundo de regalar más de la mitad de sus fortunas. También ha donado millones en los últimos cinco años a comités de acción política conservadores y a candidatos individuales.

Ha conversado sobre asuntos económicos con el presidente de EE.UU., Donald Trump. Sin embargo, a fines del año pasado surgió la noticia de que un sitio web conservador financiado por Singer, el Washington Free Beacon, había financiado la firma de investigación Fusion GPS, que más tarde produjo el dossier detallando los presuntos vínculos entre Trump y el gobierno ruso.

Rubenstein le preguntó si conocía al presidente antes de asumir el cargo, a lo que Singer respondió que no, aunque solía tener bonos en la compañía de Trump. Cuando se le preguntó si los bonos eran de alta calificación, Singer sonrió. "Quizás lo eran cuando se emitieron por primera vez", comentó.

Fuente: Lindsay Fortado / Financial Times

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