20 de Septiembre de 2018

Emprendedoras en modo todo terreno

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Empresarias, ejecutivas, referentes sociales: historias de mujeres que lideran.

Se mueven en todo tipo de terreno, desde multinacionales hasta talleres mecánicos, destaca Natalia Foletti en una nota para clarin.com.

Y si bien en el ámbito laboral las diferencias entre géneros en cuanto a remuneraciones y oportunidades constituye una persistente y preocupante brecha. en el terreno del emprendedorismo es donde las reglas se van emparejando.

Un relevamiento de la Confederación de la Mediana Empresa arroja que en actividades como comercio y emprendimientos chicos, las mujeres son dueñas y administradoras de 30% de las empresas.

El sondeo, a cargo del sector Mujeres Empresarias de CAME, señala que en el país, la actividad emprendedora abarca a 19% de los hombres y 13% de las mujeres.

Dentro de ese universo, la Ciudad de Buenos Aires es la más pareja: uno de cada dos emprendimientos son encabezados por mujeres. Entre el 70 y 80% de los comercios de rubros como indumentaria, mercerías, zapaterías, regalería y lencería son fundados o dirigidos por mujeres.

Al otro extremo, en el sector de la tecnología, también se está gestando un movimiento que busca, principalmente, sumar mujeres dentro de un universo donde son franca minoría.

Chicas en Tecnología (CET) es una organización sin fines de lucro que se dedica a fomentar la inserción de las mujeres para que puedan hacerse un lugar en el mundo de la tecnología, un ámbito donde el techo de cristal que supone el límite para el ascenso de las mujeres es más sutil pero, a la vez, más pronunciado.

Pay Scale, una firma de investigaciones de mercado citada por The Economist, señaló hace un año que mientras en algunas industrias el 36% de los ejecutivos a cargo son mujeres (una índice que no deja de ser bajo), en las firmas tecnológicas es apenas el 21%, una de cada cinco.

Las argentinas que fundaron CET viene de diversos ámbitos: Carolina Hadad de la programación; Melina Masnatta, del ámbito de la tecnología educativa; Sofía Contreras proviene de startups y aceleradoras y Mariana Varela, del diseño.

“Crear tecnología es aportar soluciones e intentar cambiar la realidad en la que vivimos. Y si los equipos están formados de manera poco diversa, cuesta llegar a esas soluciones. Nos dimos cuenta de que era un problema, desde el momento en que las chicas no están eligiendo carreras tecnológicas, porque no las conocen”, cuenta Hadad.

“Realmente sabés lo que es programar cuando lo hacés. Las chicas no eligen carreras en tecnología por estereotipos.” El nombre inicial era Girls in Tech, pero desde 2017 apostaron a hacerlo más local, con el nombre en castellano.

Dentro de la organización, las interesadas en desarrollarse en tecnología reciben capacitación, de forma virtual o presencial, mediante asesoramiento y cursos. Ya pasaron por su plataforma más de 300 interesadas, en tres programas: “Programando un mundo mejor”, que ya va por la sexta edición y tiene 162 egresadas, “Club de Chicas en Tecnología”, un espacio en que adolescentes trabajan de manera extracurricular durante tres meses desde las escuelas, y el programa “Comunidad”, dedicado a generar una red de pares, referentes y mentores.

Tradición

¿Quién no probó los bocaditos Cabsha alguna vez? Desde que irrumpieron en los quioscos en 1957 son una de las golosinas más populares de la Argentina, producto de la investigación y dedicación de Abrascha Benski, inmigrante nacido en Rusia y criado en Rumania, que era lo que hoy sería denominado un “emprendedor serial”: de joven emigró a Beirut, donde instaló la primera fábrica de chocolate de la región, hasta que volvió a emigrar, esta vez a la Argentina.

Aquí comenzó con una tintorería industrial, hasta que retomó su vocación por el chocolate, pero combinado con el dulce de leche, que fue el origen de los Cabsha. La historia del Cabsha es un caso de negocios en sí mismo, ya que la golosina tiene tanta personalidad que sobrevivió a varios cambios de manos desde que su fundador la vendió en 1984 (hoy forma parte del portafolio de Arcor).

Sus dos herederas son Cristina, más conocida como Dadi, y la artista plástica Ana María “Kuki”. quienes no quisieron continuar con el legado de su padre. Al menos, hasta que la propia historia familiar se hizo presente.


“A mí me encanta cocinar y para las fiestas viene toda la familia”, cuenta Dadi Martinucci, una de las hijas de Abrascha. “Hace unos años estábamos haciendo trufas y mi hija me comenta que quería empezar a hacer chocolate nuevamente, como hacía su abuelo. Mi padre ya me había dicho en su momento que quería vender Cabsha y armar una chocolatería. La idea era que empezáramos desde cero, pero ese proyecto había quedado trunco tras su fallecimiento”, agrega.

“Cuando Federica, mi hija, me plantea fundar una chocolatería fue como retomar aquel proyecto. ¡Imaginate! Mi papá fallece cuando yo tenía treinta años, y yo por ese entonces era muy bohemia, estudiaba arte, nada que ver con los negocios. Cuando mi papá me dijo ocúpense ustedes de Cabsha, le dije que no. Me dediqué a la pintura y a la fotografía, pero cuando mi hija me vino con su propuesta me pareció que era como un juego. Si alguien me hubiese dicho que Vasalissa iba a crecer tanto, también, hubiera dicho que no”.

Así, casi tímidamente, madre e hija crearon Vasalissa, una chocolatería que lleva el nombre de un cuento infantil ruso que Federica solía narrarle a su hija de pequeña, con una inversión inicial de US$200.000.

Dadi comenta que el origen de Vasalissa es un homenaje a su papá. “Había sido su idea y yo tenía que poner sus valores”. Madre e hija empezaron de forma artesanal. “Armábamos las cajas nosotros, le sacábamos fotos, y cuando vimos que a nuestros amigos les gustaba, abrimos el primer local en Martínez en el año 2006. Lo único que compramos fue una templadora”, cuenta Dadi.

Hoy Vasalissa cuenta con 25 empleados y una facturación anual de $40 millones. Manejan seis locales (Recoleta, Galerías Pacífico, Belgrano, Martínez, Unicenter y Nordelta) y planean abrir su primera fábrica en el exterior, en Miami, con una inversión inicial de US$2 millones.

“El chocolate formó parte de mi infancia, pero ahora también empezamos a comercializar helado”, cuenta Dadi. Y agrega que, por el momento, no se animan a otorgar franquicias por el cuidado que habría que tener para que el producto siga conservándose en buen estado.

Ropa y música

Noel Romero comenzó a plasmar sus diseños desde la escena londinense, de la que fue parte cuando fue a estudiar en la meca del diseño, el Central Saint Martins College of Art & Design. Cuando volvió creó su propia marca, “Ay not Dead!”.

“Al volver de Londres empecé a armar telas para otros diseñadores. Era la época del 1 a 1, la mayoría de las marcas compraba afuera, y les ofrecí diseñar acá. Con lo producido, armé mi primera colección y vendí todo. Para el momento de la tercera colección, en la Buenos Aires Fashion Week, se sumaron mis hermanos Diego y Martín y presentamos Ay not Dead! como marca. Ahí nos conoció todo el mundo y empezó todo”, rememora Romero.

Sus hermanos se encargan de la parte comercial y administrativa de la marca: “Me interesaba hacer ropa que se mezcle con la música, el arte, la literatura. Son todas cosas que me inspiran para crear mi ropa. La temporada que viene se va a llamar Nuevo Realismo, inspirada en el pintor Yves Klein”.

En la actualidad, Ay not dead! tiene 13 locales, y ya comenzaron a franquiciar. “Primero empezamos vendiendo entre amigos, después en negocios multimarcas en Palermo, en la parte más off. Después siguió en Paseo Alcorta, Recoleta, Alto Palermo, Unicenter.

Luego, comenzamos a vender a mayoristas de todo el país, y en ese proceso comenzaron a presentarse las franquicias. En el medio de todo esto, comenzamos con la marca de hombre, porque al principio era sólo para mujer”, cuenta.

Gran parte de la inspiración para lanzar la colección de hombre fue que tenían muchos clientes y músicos atraídos por la marca. “Comenzaron a venir músicos y sólo teníamos la remera de promoción. Vestimos a Gustavo Cerati, Babasónicos, Andrés Calamaro. También, vinieron actrices como Justina Bustos y Dolores Fonzi. Ahora, tenemos colecciones grandes, de trajes, pero nuestro jean sigue siendo nuestra prenda más significativa”, dice Noel.

Facebook desde Buenos Aires

Maren Lau, una estadounidense que lleva diez años trabajando en la Argentina, es desde febrero de 2017, directora Regional de Agencias para Latinoamérica de Facebook, con oficina en Buenos Aires.

“Es un cargo que antes no existía en América Latina”, cuenta Lau, egresada de Harvard y con maestría en Marketing y Finanzas de la Kellogg School of Management de la Northwestern University. Llegó a Facebook proveniente de la empresa de marketing digital ISM.

“El objetivo de mi trabajo es mostrar la importancia que tienen las agencias para Facebook”, comenta. Y resalta que la Argentina es el tercer mercado más importante de Latinoamérica. “Creo que es un mercado avanzado, en cuanto a conocimiento digital y creatividad”, dice.


La ejecutiva resalta que desde Facebook hacen mucho hincapié en la relación con las pequeñas y medianas empresas. “Pudimos ver que cuatro de cada diez pymes pudieron contratar más empleados debido a estar presente en la plataforma de Facebook”, asegura.

Lau remarca que, a contrapelo de lo que indican las estadísticas sobre la inserción de las mujeres en las empresas con base tecnológica, desde Facebook buscan promover a la mujer empresaria, mediante la versión argentina del programa “Ella hace historia”, en la cual los ejecutivos locales de Facebook se reunieron con mujeres empresarias durante todo un día, con el fin de capacitarlas.

“Tuvimos coaching, vino la ex entrenadora de Las Leones, fue un programa hecho para mujeres emprendedoras, así como para directivas de empresas medianas y chicas”.

Otra iniciativa de Facebook en ese sentido es el desarrollo de una beca junto a Digital House, el centro de capacitación de desarrolladores digitales, con dos sedes en Capital Federal. Esa beca, lanzada en noviembre, fue exclusiva para mujeres. “Tuvo como fin enseñar todo lo necesario para llevar a cabo proyectos web, de principio a fin, realizando programación orientada a objetos”, señala.

Oficio

“Aprendí a caminar en la gomería de mi padre”, rememora Natalia Morandi, una empresaria de La Rioja, que hoy es dueña de uno de los centros de servicios para neumáticos más importantes de La Rioja. Ella tomó la posta de su padre, Mario.

“Siempre estaba metida en medio de las cubiertas. Amaba estar en el negocio porque estaba cerca de mi papá. Ya de más grande, cuando me vine a vivir a La Rioja, él me ayudó a poner mi propio negocio. Nos fue muy bien y me asocié a la multinacional Bridgestone, ellos me ayudaron a formarme como empresaria, empezar a entender al consumidor, ver qué se venía en la economía, cómo trabajar”, cuenta.

“En negocios como el nuestro, no hace falta plata, hace falta oficio. Tenés que tener conocimiento, no es que vas a despachar neumáticos”, describe. Y cuenta que fue ella quien le pidió una entrevista a la gente de Bridgestone. “Cuando vinieron, mi papá andaba dando vueltas por el local, pero ellos vieron que él me había dejado a cargo a mí, se dieron cuenta de que tenía oficio. Y creo que ése es mi capital más grande. Yo trabajo con hombres, el rubro es de hombres.”

Fue gracias al oficio que Morandi buscó profesionalizase, alternar el trabajo entre sus dos locales de La Rioja y los cursos en Buenos Aires. Hoy, en su local de la ciudad de Aimogasta, tiene ocho empleados, y la acompañan su padre y su hija. “Tengo la experiencia de venir a trabajar embarazada, trabajar hasta el último día. Irme a parir, y a los dos días venir con los bebés al trabajo. Cuando uno lo hace con pasión, no te cansa. A mí me decís quedarme en casa, y digo: ¿Para qué?, me aburro. Yo quiero estar acá.”

Morandi comenta que su rubro es altamente competitivo, y que es necesario, para que un negocio funcione bien mantener los promedios de venta.

“No puedo cerrar diez días, porque es una tercera parte del mes, y la parte comercial la manejo yo. No se puede parar. Pero tengo que empezar a darle tiempo a mi formación como empresaria, porque eso me deja muchísimo. Yo tengo cuatro hijos, y tengo que empezar a pensar en ellos. Si les va a gustar el negocio, formarlos y empezar a dividir, si uno está en la mesa familiar hay que empezar a separar, si hablamos de negocios hablamos de negocios”. Y destaca que puede abocarse a su negocio gracias a su marido, Ítalo Martínez.

Otro de los puntos que preocupa a la empresaria es la formación de su personal.

“Antes, con sólo pagarle el sueldo bastaba, pero ahora hay que tener un plan de incentivos. Aunque no va a ser suficiente. Creo que estoy en un momento en el que el plan de incentivo, no va a bastar. Estamos realizando cursos de capacitación, porque ir a una provincia, ir a un hotel, viajar es un reconocimiento. Y cuando llegan a hacer un asado, un brindis para bajar toda la información a los empleados que no fueron. No es sencillo. Cuando menos tenés, menos hacés, y lo que estás haciendo, además, te sale bien. Pero cuando a uno le empieza a ir mejor, ya no es suficiente con seguir haciendo lo mismo que antes. Pasás a estar atento a lo que necesita el equipo”.

Pioneras

Cuando Ana Simeone comenzó a desempeñarse como agente inmobiliaria todavía no existía la carrera de Martillero Público. Las inmobiliarias solían ser una división de las escribanías y estudios de abogados. Además, acota Simeone, más extraño aún resultaba ver a una mujer al frente de una inmobiliaria.


“Yo, desde los siete años, iba a ver inmuebles con mi papá. Me casé a los 15 años y a los 18 ya tenía dos hijos. Como tenía mucha experiencia hice un curso y me puse una inmobiliaria. Quería hacer una inmobiliaria diferente, con buena presencia”, dice Simeone, que comenzó con su negocio hace 42 años. Comenzó con una inmobiliaria en Flores, después pasó por Belgrano y San Isidro.

“Primero vendía casas. Después, cuando empezó la crisis del petróleo me fui a Europa. Y en 1992, cuando comenzó el Mercosur, comencé a viajar a los países que lo integraban, y en 2002 volví a Europa.” De esa experiencia, pasó a ser una desarrolladora inmobiliaria especializada en fábricas, edificios corporativos y parques industriales. “Pasamos por crisis, pero nunca cerramos ni nos vino un cheque rebotado”, asegura.

Otra pionera en el rubro es Alejandra Covello, que además de martillera es Contadora Pública, con doctorado en Ciencias Económicas (UBA). “Cuando comencé, fue un trabajo de verano. Después querían que me quedara, pero que no siguiera con los estudios. Yo soy cabeza dura: me fui a la facultad, estudié y terminé. Y ojalá hubiera estudiado mil cosas más. A los 21 años empecé a trabajar sola, porque veía que había muchas cosas para cambiar en el mercado inmobiliario, sobre todo en marketing”, cuenta Covello, que en 1992 fundó Covello propiedades.


Comenzó con la venta de propiedades en la zona de Palermo Nuevo (aledaño al predio de La Rural), donde contabiliza vendidos más de 200 proyectos. Con el nuevo siglo, llegó la expansión. La primera sucursal fue en Miami en 2002, como una forma de subsanar la crisis. “El tema de las sucursales surgió por un cliente globalizado (antes se usaba esa palabra). Tras asesorarnos con una consultora, llegamos a la conclusión de que había que hacer foco en estos clientes para brindarle el servicio que requerían.”

Hoy, Covello Propiedades tiene sucursales en Miami, Montevideo, Punta del Este y Carmelo. “Cuando vimos que esos mismos clientes iban a Punta del Este, en 2004 empezamos ahí, con la Torre Acuarela, que era un proyecto faraónico. El foco, a partir de entonces, estuvo entre los productos premium o bien lo que denominamos productos boutique. Después abrimos la sucursal de Carmelo”.

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