21 de Septiembre de 2018

Ellos y ellas lideran la explosión del ecosistema emprendedor argentino

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Con la cultura colaborativa como bandera y el acceso a la tecnología como aliado, el modelo entrepreneur evolucionó. Historias de startups y empresas que surfean esta realidad y tienen al mundo como mercado.

Georgina Sposetti es médica diabetóloga. Pero ya no tiene consultorio, no atiende pacientes en un hospital y no se mueve vestida con guardapolvo blanco ni con un estetoscopio al cuello.

En septiembre del año pasado, cuando lanzó Un ensayo para mí, decidió ejercer la medicina desde un lugar con más alcance, cuenta Eugenia Iglesias en una nota para apertura.com.

“Mis colegas me decían que iba a dejar la medicina. Pero mi pensamiento fue otro. Yo estudié esto para ayudar a la gente y con mi emprendimiento puedo ayudar ahora a millones de personas. Mi vocación se transformó”, reconoce.

La nueva ola de emprendedores que se avecina trae a nuevos protagonistas como Sposetti. El prototipo de emprendedor argentino ya no se limita al hombre oriundo de Capital Federal que monta una software factory, sino que invita a participar a nuevas voces de diferentes provincias, formaciones, edades e, incluso, sectores que hasta el momento parecían dormidos.

“Lo que queremos es que cualquier persona del país que quiera emprender lo pueda hacer”, plantea Mariano Mayer, secretario de Emprendedores y PyMEs del Ministerio de Producción de la Nación. En manos de esa cartera quedó la ejecución de la Ley de Emprendedores, con la que sopló una ráfaga de optimismo dentro del ecosistema.

“Nos tomamos muy en serio el emprendedurismo. Para reducir la pobreza hay que generar empleo en el sector privado y eso lo van a lograr fundamentalmente las PyMEs. Pero no alcanza con las que tenemos. La Argentina necesita 300.000 empresas más”, apunta el secretario.

Imagine Lab es una de las aceleradoras que seleccionó el Ministerio de Producción para administrar un Fondo de Aceleración a través del Fondo Fiduciario para el Desarrollo del Capital Emprendedor (Fondce), creado en el marco de la ley. Oriunda de Chile, tiene como objetivo para este año invertir hasta U$S 100.000 en cada uno de los 10 mejores proyectos que resulten de su primera convocatoria.

Luis Stein es su director y asegura que llegaron en el momento indicado: “Estamos convencidos de que estamos en el inicio del Big Bang del ecosistema argentino de startups”.

Para Francisco Murray, director Ejecutivo de Sistema B, el cambio es también semántico. La palabra “emprendedor”, dice, pasó a estar en el centro: “Antes era un sustantivo. Emprendedor era el que encaraba un proyecto y quería vivir de eso. Hoy es un adjetivo, una cualidad. Y se puede llevar adelante desde cualquier lado: una empresa, el Estado o una ONG”.

El avance tecnológico fue, sin duda, un aliado para dar pie al movimiento emprendedor. O por lo menos así lo ve Carlos Peralta, director de Asuntos Científicos y Digital de Novartis Argentina y Uruguay: “Hoy un chico de 20 años está conectado con el mundo. Sus mentores pueden estar en la India. O le escriben a un contacto que tienen en Canadá. Antes la tecnología estaba al alcance solo de ciertos sectores o de empresas con mucho capital. Ahora lo que se necesita es coraje y ganas de hacer las cosas”.

Franco Goytia es ejemplo de esto. Este emprendedor sub 25 todavía es estudiante universitario, pero ya maneja ANDO, una empresa de envíos para clientes corporativos que este año facturará US$ 500.000. Su socio, Tarek Zaki, está en Boston, donde estudia la carrera de Entrepreneurship.

El trabajo es a distancia, pero no lo ven como una barrera. Redes sociales de por medio, el fundador asegura que sumaron a LinkedIn como aliado para hacerse de contactos: “Muchas veces no conocíamos a la persona que necesitábamos, pero le escribíamos y por tener algún contacto en común, como la misma universidad, nos contestaban. La gente está muy predispuesta a escuchar. Mi lema es que toda persona te va a ayudar hasta que se demuestre lo contrario”.

Murray opina que los vínculos se están volviendo cada vez más horizontales y la cultura colaborativa emerge como la dominante. “La nueva generación está a un click de distancia de cualquier persona. Y eso hace que pierdan muchos miedos”, asegura.

En este sentido, recuerda el caso de Gastón Greco, fundador de la marca de zapatos Posco, que llegó a calzar al propio Mauricio Macri: “Solo le escribió una carta al Presidente. La inversión en marketing fue un papel y una birome. Tal vez le salía mal, pero lo intentó. Parten de la base de que el ‘no’ no existe”.

Silvia Torres Carbonell, directora Ejecutiva del Centro de Entrepreneurship del IAE Business School, asegura que en los últimos 17 años la tasa de actividad emprendedora que mide el instituto a través del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) se mantuvo alta, aunque el problema radicaba en que pocos de esos emprendimientos lograban ser sostenibles en el tiempo. Hoy esa tendencia se está revirtiendo.

“Los resultados de este año todavía son preliminares, pero vemos una baja en la actividad emprendedora general. Esto se refiere a que bajó el número de aquellos que emprenden por necesidad. Lo mismo pasó en otros períodos de recuperación de la Argentina. El número se está acercando a la tasa que tienen los países más desarrollados. Tenemos que ver si eso se consolida”, adelanta.

Sin embargo, Santiago Sena, ex director General de Emprendedores de la Ciudad de Buenos Aires, repara en la diferencia entre el emprendedor de alto impacto y el pequeño. En los primeros nota una evolución en su actitud a la hora de lanzarse a un negocio, pero advierte que todavía son una minoría: “El mindset es distinto desde el inicio. Entienden que tienen que ir a buscar fondos, se preparan y tienen equipos más diversos. Pero la realidad es que es marginal”.

Un ensayo para mí es el segundo proyecto de Sposetti y en su primer año espera facturar US$ 300.000. El primero surgió hace 10 años, cuando abrió junto a dos colegas médicos una institución de salud abocada a la investigación farmacológica. El año pasado lanzó, junto Sandra Felsenstein y Franco Di Masi, este buscador web de ensayos clínicos para pacientes.

La doctora, que divide su tiempo entre Buenos Aires y su Mar del Plata natal, asegura que se encontró con un mundo nuevo: “Hoy pienso en armar un emprendimiento escalable. Pienso en muchos países y miro desde otro lugar la dimensión que puede tener. También elegí socios distintos. Esta vez busqué a dos personas que no fueran del palo. Tener distintos focos y venir de lugares diferentes es lo que nos hace muy ricos a la hora de trabajar”.

Elige tu propio sector

“La Argentina tiene lo más difícil de encontrar: la inquietud emprendedora. En cualquier rubro se encuentra disrupción y realmente tenemos un semillero de gente inquieta por hacer”, describe Ezequiel Calcarami, presidente de la Asociación de Emprendedores de Argentina (Asea). El gen emprendedor –dice– está activo pero hay que desarrollarlo: “Yo lo llamo la gallina de los huevos de oro. La cuestión es no matarla”.

La tendencia de emprender, hasta el momento monopolizada por las startups de tecnología, está en camino a abrirse hacia nuevos nichos de mercado. Y así como Sposetti se lanzó dentro de salud, también aparecen quienes se atreven a desembarcar con innovaciones en biotecnología, agro, logística, finanzas, energía y más.

Grid Exponential es una company builder que tiene todas sus fichas puestas en los emprendedores de biotecnología. Fundada por Matías Peire, responde a un modelo en el que detecta proyectos de investigación en este campo y los ayuda a transformarse en empresas, ya sea con el armado de los equipos, el plan de negocios o con capital (hasta US$ 200.000).

Peire dedicó tres años a analizar el sector antes de lanzarse con su incubadora: “La disponibilidad de conocimiento específico que tiene la Argentina es muy grande. Hablamos de miles de individuos que trabajan con competencia internacional. Aunque no es fácil aprovecharla porque no está en la superficie”.

El primer fondo de US$ 1,3 millón ya invirtió en cinco empresas con el apoyo de socios del tamaño de Grupo Insud, Bioceres, Gador, Vicentin y Bagó. Para el creador de este modelo, quedarse atrás no es una opción.

“Lo están empezando a hacer Brasil, Colombia y Chile. Así que perder esa ventaja competitiva de liderar la expansión de startups biotecnológicas sería una locura. Tenemos una masa crítica de científicos superior a la de esos países”, advierte.

Juan Francisco Llamazares Vegh y su primo Federico D’Alvia Vegh son los fundadores de Stamm (foto). Tienen 29 y 30 años, y lideran una de las empresas apoyadas por Grid Exponential.

Desde la planta que tienen montada en Hudson, Llamazares Vegh explica que lo que comenzó como un emprendimiento para desarrollar levaduras para cervezas artesanales se transformó en un proyecto de alto potencial: “Nos dimos cuenta de que en realidad el problema que estábamos resolviendo era la aplicación de soluciones biotecnológicas en baja escala. Empezamos a trabajar sobre formas en las que pudiéramos innovar en bajar el costo de inversión necesario para desarrollar una aplicación biotecnológica como es el caso de la levadura líquida”.

Como resultado, ya abrieron su primera micro fábrica biotecnológica y les ofrecen a los cerveceros una oferta de cepas más amplia y específica. Su idea es replicar estos procesadores para que cualquier productor que trabaje con fermentos en la industria pueda instalarla en su lugar de trabajo.

Pero no solo eso: estas máquinas estarán conectadas entre sí y aprenderán con cada nuevo proceso. “Achicamos el tamaño de las plantas biotecnológicas, que por lo general ocupan una hectárea. Trabajamos en menos de 200 metros cuadrados para abastecer a la mitad del mercado argentino”, cuenta el emprendedor.

Los expertos coinciden en que la Argentina cuenta con el talento necesario para posicionarse en el mundo como exportador de biotecnología, pero para esto tiene que convocar a los investigadores: “Antes era absolutamente ajeno y lejano para el científico pensar en tener un emprendimiento personal. El científico, en su mayoría, está movilizado por el impacto pero no entiende que una empresa puede ser un vehículo para eso. Con los más jóvenes es más fácil esta conversación que con uno de 60 años, que tiene otro bagaje cultural”, explica Peire, quien tiene mapeados casi 600 proyectos prometedores en el país.

Damián Lopo decidió innovar en un sector tradicional: el de real estate. Emprendedor nato, ya en el colegio se dedicaba a contratar a compañeros para que jugaran a las bolitas por él y repartían ganancias.

Su empresa Newlink Capital, que generó inversiones por más de US$ 70 millones, engloba cuatro firmas: Gaudium, desarrolladora inmobiliaria; Tirium, compañía de inversiones; Landium, un buscador de tierras y emprendimientos para inversores; y Crowdium, una plataforma de crowdfunding inmobiliario transaccional. Para abrirse paso entre grandes jugadores, asegura que la diferenciación es su gran apuesta.

“La innovación es lo que marca que puedas competir con empresas de esa envergadura”, explica quien adelanta como próximo proyecto la obtención de una licencia para la primera impresora 3D de viviendas del país.

También es ejemplo de cómo los emprendedores traen nuevas soluciones puertas adentro. Con 15 personas en nómina, asegura que no cree en la palabra ‘empleado’, que reemplazó por ‘asociado’: “Todos ganan en porcentaje, por lo que todos transpiran la camiseta y la empresa como si fuera propia. Nos repartimos las utilidades. Cuando festeja uno festejan todos”.

Redefinir el inicio

El clásico cuento de los amigos que tuvieron una idea y la desarrollaron en el garaje de la casa de sus padres quedó demodé. A la hora de idear una empresa que revolucione mercados, los emprendedores no piensan en una solución sino en un problema.

Sobre esa base desarrollan el producto. Pero no queda ahí. Los futuros empresarios no tienen miedo de buscar ayuda y el menú de opciones para dar el primer paso es cada vez más amplio. Company builders, incubadoras, aceleradoras, espacios de coworking o plataformas de crowdfunding cambian el manual de estilo emprendedor tradicional.

Viewmind nació en un laboratorio del Conicet. Un grupo de investigadores desarrollaba un sistema de detección temprana para enfermedades neurodegenerativas cuando Cites, la incubadora de startups científico-tecnológicas del grupo SanCor Seguros, se involucró con US$ 600.000 en agosto del año pasado para ayudarlos a convertirse en una empresa.

Pero a este grupo, muy sólido en el armado de la tecnología que tenía un desarrollo de 10 años de estudios, le faltaba una pata de negocios. Convocaron entonces a Matías Shulz, un ingeniero industrial con pasado en startup que quería cambiar de rumbo.

“Había fundado una firma de inversiones en agro, pero me di cuenta de que me faltaba algo que me motivara realmente”, recuerda. Con la nueva empresa, esperan cambiar el rumbo de la detección de enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson a través del desarrollo de un eyetraker que toma 120 fotos del ojo y analiza sus movimientos.

Divide su tiempo entre Sunchales, donde está ubicada la oficina de Cites, Bahía Blanca, donde tienen base los desarrolladores, y ahora Edimburgo, adonde llegaron a colaborar con nuevos expertos.

“En salud, si te ponés fronteras te estás limitando. Podés pensar de manera local para desarrollar el producto pero siempre tenés que actuar de manera global”, explica.

Por su parte, Beeflow tuvo un inicio similar. Grid Exponential detectó la investigación que Pedro Negri y Agustín Sáez estaban desarrollando en el Conicet y les ofrecieron formar parte de su proceso de aceleración. Desde la company builder sumaron a Matías Viel, un administrador de empresas de 26 años que había trabajado en una startup de venta de autos y quería entrar en una compañía con impacto.

“Me di cuenta de que el mundo tiene problemas mucho más profundos que vender autos. Y de que mi vida tenía mucho más sentido si yo me dedicaba a trabajar en resolver alguno de esos problemas”, asegura.

Admite que insertarse en uno de estos modelos ayuda a bajar las probabilidades de fracaso, que entre los emprendedores son altas.

“Priorizo a alguien que se ponga a trabajar codo a codo conmigo antes de un inversor que pone plata y solo espera el retorno”, asegura el CEO de la empresa que se dedica a desarrollar conocimiento científico para mejorar cultivos a través de la polinización con abejas.

Además de los US$ 200.000 que recibieron de Grid Exponential, sumaron otros US$ 250.000 de parte de Indiebio, la aceleradora para startups de biotecnología con base en San Francisco, y su cabeza está hoy en trabajar seis meses en los cultivos de verano en California y volver al verano argentino en los seis meses contrarios.

Los fundadores de Envíopack, Horacio Esteves, Nur Malek Pascha y Daniel Battistelli, padecían, cada uno en su propio trabajo, la falta de innovación que afectaba al sector logístico. Crearon entonces una plataforma para gestionar envíos que centraliza a los proveedores de correo en un mismo lugar.

“Veíamos problemas en la conexión entre el retail y la logística. Vimos un problema real que enfrentábamos nosotros y después salimos a buscar una solución que pudiera ser un negocio escalable y regionalizable”, explica Esteves sobre la decisión de enfocarse en ser un nexo entre las tiendas digitales y los correos.

La empresa, que en su primer año facturó $23 millones, dio sus primeros pasos en un espacio de coworking en Palermo.

“Hoy podés emprender sin tener una oficina y con empleo freelance desde cualquier parte del mundo. Al principio tercerizamos muchas cosas en la economía colaborativa. Y eso te trae beneficios. En el coworking conocimos a gente que terminó siendo cliente nuestro o que nos conectó con otros”, agrega el cofundador de la empresa que ya tiene 500 clientes activos y superó la barrera de los 10.000 envíos mensuales.

La plataforma de crowdfunding Ideame se transformó en una alternativa para recaudar el capital inicial y ya logró financiar a más de 2000 proyectos, pero también está mutando para convertirse en una nueva vidriera de productos. Sebastián Di Lullo, su CEO, asegura que son varios los emprendimientos que eligen hacer un nuevo lanzamiento para testear el mercado o incluso optar por una preventa a través de su web.

Procer, la empresa que hace dispositivos de lectura para no videntes, consiguió dar vida a los primeros 70 dispositivos, a $10.000 cada uno, gracias a una campaña de preventa. En la misma línea, Simpleat, emprendimiento que comercializa alimentos congelados, será el próximo en apostar a esta estrategia con Ideame y este mes se lanzará a recaudar $150.000 para abrir un local físico.

Nuevos valores al frente

“Hay muchas cosas que para nosotros son muy normales que a nuestros padres o abuelos les hubiesen escandalizado. Milton Friedman decía que la única responsabilidad de la empresa era la maximización de beneficios y hoy eso a mucha gente le parece un disparate”, reflexiona Sena. Mayor conciencia, integración y cambios en la lógica de trabajo definen a las startups desde su origen.

“Hay más énfasis en las dinámicas de cooperación. Se juntan en los espacios colaborativos de trabajo donde son todos competidores y sin embargo todos apoyan cosas que los benefician en su conjunto”, agrega.

Pensar una empresa sin contemplar su impacto ya no entra en los planes. Pero esta lógica también se muestra del otro lado de la mesa. Inversores, mentores, aceleradoras o incluso jurados en los concursos repiten la pregunta: “¿Cuál es tu propósito?”.

Belén Fernández, fundadora de la aceleradora mendocina Embarca, explica cuáles son los ítems que evalúan antes de seleccionar una empresa para potenciar: “Priorizamos, primero, la cooperación. Eso se está desarrollando más, antes eran más solitarios los emprendedores por miedo a que les robaran la idea. Trabajamos con la filosofía de las empresas B, aquellas que surgen con un propósito social o ambiental, y eso hace que se diferencien. Incluso ahora los inversores ya no son como sus padres. Tienen más conciencia y empiezan a ver que si no colaboran con el mundo, les queda poco por hacer”.

Además, sostiene que buscan perfiles que se adapten a las nuevas filosofías de trabajo: que sean capaces de pensar en grande y que tengan una fuerte orientación al hacer.

“Vemos la capacidad de acción. Lo que tiene que ver con el modelo de lean startup, donde diseñan, miran y aprenden”.

El nuevo perfil integra todos los aspectos de la vida del emprendedor. “La visión es una causa, no los números. Tenemos la suerte de que la sustentabilidad llegó para quedarse”, enfatiza Murray.

Lopo asegura que gracias a Crowdium, su empresa más reciente, tuvo la posibilidad de pasar por varios certámenes y en todos le llamó la atención la constante evaluación del jurado al propósito de la compañía.

“Siempre te preguntan por el impacto. El inversor también quiere invertir en algo con sentido. Viene de los dos lados”, asegura el emprendedor que con su nueva firma busca democratiza el acceso a las inversiones en real estate.

Como médica, Sposetti asegura que la finalidad de ayudar a los pacientes siempre va a estar por encima de la rentabilidad. “Queremos hacer pública y amigable la información de los ensayos clínicos”, asegura la emprendedora que, admite, todavía sufre cuestionamientos por el peso que le da a su misión por parte de algún grupo de inversores.

En la misma línea, Llamazares Vegh asegura que su emprendimiento permite que el trabajo de investigación tenga un alcance real en la sociedad.

“En el mundo científico empiezan a escucharse palabras como ‘impacto’ o ‘transferencia’ y eso es muy sano porque tenemos investigadores de primera línea que realmente pueden estar en la conversación mundial”.

Nicolás Ferrario y Gastón Gertner fundaron su consultora Sherpas con la idea de combatir problemáticas sociales mezclando la comunicación y la tecnología.

Su primer proyecto, desarrolado el año pasado junto a Unicef, consistió en un chatbot para tratar la temática del sexting entre los adolescentes: “Las soluciones no están empaquetadas. Esa es la nueva apuesta de los emprendedores. En este caso usamos técnicas de inteligencia artificial para hablar con los chicos”, describe Gertner.

De no tenerlas en cuenta a verlas como una amenaza y, de a poco, a convertirse en aliados. El camino de la relación entre las grandes empresas y las startups tuvo altas y bajas. Si bien todavía no está extendido a todo el abanico corporativo, lo cierto es que son varias las que ya ven con otros ojos la relación con los emprendedores.

“Cada vez son más la que quieren acercarse al ecosistema, ya sea para incorporar a las startups a su cadena de valor, para invertir o para sumar sus innovaciones al negocio. Y esto es clave, porque los emprendedores los necesitan, en especial los B2B”, explica Torres Carbonell.

Un nuevo canal de innovación es el que abrió Novartis el año pasado cuando organizó, junto a Cites, un Start Up Challenge para invitar a empresas de MedTech (medicina y tecnología) a acercarse a su entorno.

“Necesitamos continuamente lanzar nuevos productos, nuevas moléculas y vías de desarrollo. Solo en la Argentina invertimos US$ 22 millones al año en innovación y una de las líneas con la que trabajamos es con la innovación en digital”, afirma Peralta.

Al llamado respondieron más de 30 compañías de la región. “Como premio no ofrecimos dinero, pero sí abrirles nuestro networking, nuestro conocimiento y ayudarlos en su desarrollo. Pueden apoyarse en nuestra infraestructura y, de nuestro lado, nos abrieron una mirada nueva, agilidad y la posibilidad de explorar nuevos mundos”, agrega el encargado de llevar adelante el llamado que este año tendrá una nueva edición.

Viewmind y Un ensayo para mí son dos de las tres ganadoras del concurso. Para Sposetti, todavía cuesta acercarse a las grandes corporaciones, por lo que rescata que se estén empezando a abrir puertas: “Las empresas muchas veces son muy conservadoras, pero en este caso nos permitieron acercarnos, recibimos apoyo y nos permiten mostrarnos y trabajar con ellos”.

Pan American Energy es otra de las grandes que ya tiene establecido un programa para acercarse a las pequeñas empresas. Uno de los beneficiados por el programa PAE Pymes fue Federico Sosa. Este emprendedor de Puerto Madryn es el creador de Ventosus, un aerogenerador de tecnología vertical con generación de energía, agua caliente, calefacción y sistemas de comunicación satelital que busca acercar este servicio a habitantes de zonas rurales.

“El intercambio está dado por conocimientos técnicos y experiencia adquirida en el mercado energético y comercial. De nuestro lado, el desafío es aportar nuestras ideas y complementarlas con programas ya en marcha de PAE. De las alianzas se crean los grandes proyectos del futuro”, destaca.

Con la mirada hacia arriba

La nueva Argentina emprendedora va a estar protagonizada por estos hombres y mujeres que no tienen techo a la hora de hacer negocios. “Queremos cambiar el mercado inmobiliario”, plantea Lopo.

“Queremos resolver un problema global”, desafía Esteves. “Si no estás atento a la innovación de tu sector es muy fácil que te borren del mapa”, advierte Llamazares Vegh. Metas ambiciosas e historias de superación son las que caracterizan a los actores de StartUp Argentina.

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