14 de Noviembre de 2018

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LIDERAZGO: EL DESAFÍO DE LA REINVENCIÓN

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Lo que aún necesitamos aprender.

Nuestra manera ser está compuesta por un pasado de patrones incorporados, pensamientos, creencias, hábitos, estados de ánimos, recuerdos que conforman nuestra historia, la narración de quienes somos.

Es nuestra historia pasada que nos dice porqué las cosas son como son.

Vivimos dentro un paradigma en donde nuestra manera de pensar está vinculada y asociada con el pasado, y el futuro se construye en consecuencia en función a nuestras experiencias pasadas.

Esta creencia hace que pronostiquemos el futuro basándonos en el pasado. Nuestra capacidad de “crear o reinventarnos” entonces, no existe como posibilidad dentro de esta manera de interpretar nuestra realidad en función a nuestro pasado.

Cada vez que terminamos con un trabajo, un hábito muy arraigado o una relación debemos enfrentar la ruptura con un pasado y un futuro seguro posible. Paradójicamente la única manera posible de crear y experimentar un “nuevo futuro” es solo posible si dejamos ir el pasado, para la creación de lo nuevo que viene con el cambio. No vemos la cosas como son, vemos las cosas de acuerdo a como somos.

Por ejemplo: El área de planificación presupuestaria en la mayoría de las organizaciones se ocupa de proyectar una tendencia, o predecir un futuro de acuerdo a un pasado, y luego se proponen metas para lograr el objetivo de acuerdo a ese pronóstico.

El resultado de estas prácticas y predicciones hace que perpetuemos el pasado sólo mejorando los resultados dentro del concepto de más de lo mismo mejorándolo. En el mercado hay tendencias y vectores pero lo más importante es que está abierto a nuestra creación. Para ello es necesario aceptar la relevancia que tienen los cambios profundos.

Como dice el filosofo Francés J.P.Sartre: "La angustia que sentimos con respecto al futuro es más profunda que la que sentimos con respecto al pasado, precisamente por qué ahí no hay ninguna facticidad. El pasado lo que tiene detrás es su facticidad, (lo que no podemos modificar), entre la ruptura del pasado y el yo hay una “nada”. El futuro hay que construirlo, y soy yo quien debo hacerlo. Parte de la angustia procede de advertir que no soy ahora el ser que voy a ser. No somos nuestro pasado, el hombre es sus proyectos, el ser se crea en sus proyectos”.

Cuando vivimos apegados en función al pasado dejamos de “estar presentes” a lo que sucede y perdemos la capacidad de estar completos en ese momento preciso. Cuando estamos viviendo en el tiempo presente no estamos condicionados con ninguna otra cosa.

Para abrir nuevos caminos hay que ser capaz de perderse y aprender a enfrentar los miedos.

¨Acercaos al borde, les dijo. Tenemos miedo, respondieron. Acercaos al borde, les dijo. Ellos se acercaron, el los empujo…y ellos volaron¨, G. Apollinaire.

Soltar el pasado implica acceder a la grandeza de la reflexión, reconocer el apego a nuestros hábitos o prácticas que limitan nuestra posibilidad de crecimiento personal y en el conjunto. El rendirse es un acto sublime de humildad y de aceptación frente aquello que nos limita.

El vaciarnos de las prácticas anteriores implica renunciar o soltar un pasado que ya no queremos para darle paso a un nuevo futuro y a lo bello que viene con el aprendizaje y el cambio. Dejar ir el pasado nos libera de sus condicionamientos y del apego a las historias pasadas que no nos dejan fluir en este “presente”.

El aprender que renunciar o rendirse no significa perder, soltar y dejar ir el pasado tiene el propósito de que cada día pueda ser un nuevo comienzo.

 

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