16 de Julio de 2018

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LA SOLIDARIDAD DE LOS GIRASOLES

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Movidos por un impulso genético, cada día los girasoles se mueven de este a oeste, siguiendo el derrotero del sol.

Al llegar la noche vuelven a danzar en sentido contrario para aguardar su salida.

En la vida de estas plantas amarillas hay un instante de desconcierto, los días en los que el sol está cubierto de nubes o llueve.

Lejos de marchitarse, apelan a una conducta increíble, se miran entre sí compartiendo sus energías.

Actúan con solidaridad para seguir viviendo. Persiguen la luz hasta la madurez, ahí se detienen y abandonan su giro, se quedan mirando al este hasta que les llega la muerte.

Así deberíamos vivir los hombres, transitando individualmente nuestras búsquedas y siendo solidarios entre sí en los instantes de desasosiego.

Incluso, en el momento sublime de la muerte, vivir con dignidad esa soledad reflexiva, de lo que ha sido nuestro propio derrotero.

 

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