16 de Noviembre de 2018

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CÓMO TRANSFORMAR UN EMPRENDIMIENTO EN EMPRESA (PARTE 2)

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Como en todas las experiencias, aún las más exitosas, no todo es color rosa.

Tomar la decisión de emprender un proyecto y armar con él una PYME implica un desafío y requiere el coraje de afrontar riesgos que hasta entonces no se tenían.

Desde el momento que uno decide ser un emprendedor, los resultados dependen sólo de uno y de las decisiones que tome. 

En el caso de Carlos, de nuestro anterior ejemplo, el mecánico, ante cada decisión se pone en juego la continuidad del taller o la posibilidad de endeudarse si el negocio no prospera o la coyuntura se torna desfavorable. 

Algunas de las decisiones habituales que acarrean riesgos para un empresario PYME son:

•Contratar o despedir gente.
•Invertir dinero o pedir préstamos.
•Alquilar un local u oficina más grande.
•Comprar o renovar maquinarias o instalaciones.
•Armar un stock de materias primas o productos terminados.

En síntesis, a pesar del vértigo que puede dar soltar lo seguro y conocido, sólo quien tiene espíritu emprendedor, puede vivir este proceso como un camino de desarrollo personal y profesional que no tiene comparación. Finalmente, creo que uno “no elige”, sino que termina siendo elegido por esta vocación.

Uno de mis cuentos favoritos, “Las alas son para volar” de Jorge Bucay, siento que refleja los miedos, las pasiones y la maravillosa oportunidad que significa transitar este camino.

Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:
—Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, me parece que sería penoso que te limitaras a caminar, teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.
—Pero yo no sé volar —contestó el hijo.
—Es verdad... —dijo el padre y lo llevó caminando hasta el borde del abismo en la montaña.
—¿Ves, hijo?, éste es el vacío. Cuando quieras volar vas a pararte aquí, vas a tomar aire, vas a saltar al abismo y, extendiendo las alas, volarás.
El hijo dudó:
—¿Y si me caigo?
—Aunque te caigas no morirás, sólo sufrirás algunos machucones que te harán más fuerte para el siguiente intento —contestó el padre.
El hijo fue al pueblo, a reunirse con sus amigos, sus pares, sus compañeros con los que había caminado toda su vida. Los más pequeños de mente le dijeron:
—¿Estás loco? ¿Para qué? Tu padre debe estar demente...
—¿Qué vas a buscar volando? —le preguntaba otro— ¿Por qué mejor no te dejas de pavadas y sigues caminando como hasta ahora? ¿Quién necesita volar?
Los más amigos le aconsejaron:
—¿Y si fuera cierto? ¿No será peligroso? ¿Por qué no empiezas despacio? Prueba tirarte desde una escalera o desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?
El joven escuchó el consejo de quienes lo querían. Subió a la copa de un árbol y, con coraje, saltó... Desplegó las alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas pero igual se precipitó a tierra...Con un gran chichón en la frente, se cruzó con su padre:
—¡Me mentiste! No puedo volar. Probé y ¡mira el golpe que me di! No soy como tú. Mis alas sólo son de adorno.
—Hijo mío —dijo el padre —Para volar, hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. Es como tirarse en un paracaídas, necesitas cierta altura antes de saltar.
Y agregó:
—Para volar hay que empezar corriendo riesgos. Si no quieres, quizás lo mejor sea resignarse y seguir caminando para siempre.

Libro “Buenos Negocios: Logre que su Pyme venda mejor”. Capítulo 7 Los Emprendedores, una fábrica de Pymes. Pág.200. Autora: Lic. Alicia Verna. Editorial Andrómeda. Primera Edición, Buenos Aires, 2012.

(www.librobuenosnegocios.com)

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